El barroco vino al continente americano por medio de los españoles, por lo que hizo que este alcanzara su mayor expresión durante el siglo XVIII, al mezclarse con los diversos aportes indígenas. Esta mezcla da origen a un estilo muy característico que ayudó a enriquecer lasfachadas de los edificios. Este estilo se hizo totalmente americano al incorporar lo natural a los diversos elementos decorativos de cada región.
Las civilizaciones indígenas más importantes del continente americano, como los mayas, incas y aztecas, se ven influenciadas por los españoles, a su llegada al continente. Es por eso que México y Guatemala se consideran como lugares importantes donde se desarrolla con mayor importancia este estilo.
Arquitectura
Las primeras construcciones que se originaron en América, fueron las que recogían formas renacentistas, pero se mezclaron con los gustos indígenas y dieron origen a una arquitectura característica del lugar. Así mismo fueron entrando al continente americano diversos estilos artísticos viéndose cada uno de ellos influenciado, ya que se desarrollaron de una manera muy distinta que en Europa.
Pintura
La pintura trata de seguir las tendencias españolas de una manera más fuerte que la arquitectura. Entre los colores más utilizados se encuentra el pardo, el cual fue puesto de moda por los tenebristas. Dicho estilo destaca de gran manera en las composiciones pero con las variaciones de la poca importancia de la luz por lo que no se llegaron a mover las figuras, al igual que no se realizaron perspectivas aéreas.
Las mezclas de las técnicas del renacimiento con el barroco fueron hechas por los pintores coloniales. De la misma manera se podía observar en un mismo cuadro composiciones estructuradas en un primer plano con líneas verticales y horizontales muy características del renacimiento y en un segundo plano nubes o diversas figuras con movimientos oblicuos las cuales buscan espacios más allá del marco, que era muy típico del barroco.
Otra característica de las pinturas barrocas coloniales es la ingenuidad poética, al igual que tratan de traducir de una manera amplia la mezcla del carácter ornamental, típico de este estilo.
Específicamente en México y Perú, se observa claramente el margen de las academias, por lo que se demuestra la gran influencia indígena en la pintura. Los temas más trabajados son los religiosos, como inmaculadas, santos y mártires. También se representaban bodegones con flores y frutos, los cuales denotan la poca influencia flamenca limitándose a lo ornamental. Los paisajes se usaban como figuras de fondo, y los retratos fueron poco frecuentes.
Escultura
La escultura de dicho período es mucho menos importante que la arquitectura, ya que la mayoría de las estatuas encontradas en las iglesias eran traídas de España, específicamente de la escuela de Sevilla, por lo que influyó de gran manera en el arte colonial americano. A pesar de esto se produjeron diversas tallas de madera policromadas con influencia andaluza, pero con innovaciones indígenas. En México la escultura es muy pobre prácticamente hasta el siglo XVIII, en el cual aparece en Puebla un grupo de escultores encabezados principalmente por Villegas Cora.
Por otro lado en Perú, al igual que en Ecuador, se efectuó una mejor muestra de escultura barroca americana, debido a que su escuela envía a diversos virreinatos estatuas de gran importancia. A pesar de que dicha escuela, se repite estilos andaluces, creando un nuevo tipo de inmaculada pisando una serpiente.
AUTORES DEL BARROCO EN AMÉRICA
Sor Juana Inés de la Cruz
(San Miguel Nepantla, México, 12 de noviembre de 1651 o 1648)
Aprendió todo cuanto era conocido en su época, leyó a los clásicos griegos y romanos, y la teología del momento. Juana era tanto el deseo de aprender, que le propuso a su madre disfrazarse de hombre para asistir a la universidad, según ella misma.
Escribió por encargo de la corte de Madrid tres autos sacramentales hablan sobre el descubrimiento, la conquista y la evangelización de América; entre ellos destaca el Divino Narciso, nombrado así en alusión a los autos de Pedro Calderón de la Barca. En este, Sor Juana presento la caída y la redención del género humano por medio del sacrificio de Jesucristo, permaneció en la historia para salvar a sus hijos una y otra vez mediante una alegoría mítica. Narciso es Dios creador y Jesús salvador, la Naturaleza Humana representa a la humanidad y finalmente Eco simboliza al demonio. Aquí Sor Juana retomo recursos del teatro de Pedro Calderón de la Barca y las uso para crear pasajes líricos de gran hermosura.Cosas que escribió por gusto propio es un poema filosófico llamado Primero sueño, llamado así como una manifestación de su admiración a Luís de Góngora y Argote y sus Soledades. Trata de varios cientos de versos, con forma de silva, a propósito del ansia de saber, vuelo del pensamiento y su consecuente trágica caída. Tiene pasajes líricos de gran descripción como el inicial, que usa más de cien versos para narrar la caída de la noche y el sueño de los seres, como el gran colorido de la parte final, donde se escribe del triunfo del Sol sobre la noche. Trata quizá del último poema barroco
Poemas:
DETENTE SOMBRA
Detente, sombra de mi bien esquivo,
imagen del hechizo que más quiero,
bella ilusión por quien alegre muero,
dulce ficción por quien penosa vivo.
Si al imán de tus gracias, atractivo,
sirve mi pecho de obediente acero,
¿para qué me enamoras lisonjero
si has de burlarme luego fugitivo?
Mas blasonar no puedes, satisfecho,
de que triunfa de mí tu tiranía:
que aunque dejas burlado el lazo estrecho
que tu forma fantástica ceñía,
poco importa burlar brazos y pecho
si te labra prisión mi fantasía.
VERDE EMBELESO
Verde embeleso de la vida humana,
loca esperanza, frenesí dorado,
sueño de los despiertos intrincado,
como de sueños, de tesoros vana;
alma del mundo, senectud lozana,
decrépito verdor imaginado;
el hoy de los dichosos esperado,
y de los desdichados el mañana:
sigan tu sombra en busca de tu día
los que, con verdes vidrios por anteojos,
todo lo ven pintado a su deseo;
que yo, más cuerda en la fortuna mía,
tengo en entrambas manos ambos ojos
y solamente lo que toco veo.
Bartolomé Leonardo de Argensola
Bartolomé Leonardo de Argensola
(Barbastro, 1562-Zaragoza, 1631) Poeta español. Fue rector de la capilla de los duques de Villahermosa y capellán de la emperatriz María de Austria. Como su hermano Lupercio, pasó a Italia con el duque de Lemos. Sus obras, publicadas por su sobrino en las Rimas (1634), merecieron el elogio de Lope de Vega. Como en los poemas de su hermano, predomina el clasicismo y la tendencia moral, alejada de todo culteranismo. También fue autor, entre otras prosas, de la Conquista de las islas Molucas (1609) y de una continuación de los Anales de Aragón, de Zurita (1630).
Poemas:
SONETOS
1
A Don Martín de bolea y Castro
Aunque el bélico pecho y animoso
de tal manera a Orlando le ha ensalzado,
que está en suprema cumbre levantado,
pues en todo ha salido victorioso,
no menos por tu pluma fue dichoso,
Orlando en ser de ti tan celebrado,
que tanta fama y gloria has tú alcanzado,
cuanta él con ser en armas valeroso.
El postrimero límite y subjeto,
donde otros no pudieron allegarse,
desde allí comenzó tu vuelo altivo:
ha hallado don Martín tu gran conceto
entre furia y amor determinarse:
dio este corte y falló superlativo.
Romances
1
Aquel pastor, que pajizo
un vestido hizo en la aldea
y por volverlo encarnado
gotas de sangre le cuesta
(es tan costosa la gala,
que ha comprado cinco piezas
de grana, que le hizo Tiro
en el blanco de una oblea),
hoy sale en santa Lucía
y ofrece a todos su mesa,
que es la vida perdurable
contar el regalo de ella.
Se casa en casa Bernardo,
que en pruebas de su limpieza
un hábito da a la novia
y en su orden la encomienda.
En el raso de los cielos
hale cortado la tela:
mucho durará el vestido
por ser gala sempiterna.
Toda de blanco la viste,
y en la cruz roja le muestra
la pureza de su sangre,
dulce candor de sus venas.
La novia el alma le ofrece
con mucha gracia dispuesta,
en tres potencias su dote,
en la condición su suegra.
Si calidad sólo busca
en su profesión por prenda,
sin duda es galán de la alma
pues se paga de finezas.
De fina y enamorada
con sus tres votos profesa,
y para no errar el caso
toma en Bernardo la regla.
Este favor que recibe
es una merced muy cierta,
que pasará a señoría
cuando se vea abadesa
Francisco Antonio de Bances Candamo (1662-1704)
Dramaturgo español, nacido en Avilés y fallecido en Lezuzar. Doctor en Leyes, cursó además estudios de Filosofía y Derecho Canónico en Sevilla. Hacia 1677 se trasladó a Madrid; diez años más tarde fue nombrado escritor del rey. La primera obra documentada de este autor es Por su rey y por su dama (1685), primera de una serie de obras de intención didáctica, donde favorecía el regreso del rey de los Países Bajos. En 1693, tras la representación de El esclavo en grillos de oro, fue herido en el pecho por un espectador, que vio en la obra un ataque al privado del rey, el Conde de Oropesa; tuvo que abandonar su cargo y huir de Madrid, hasta que en 1696 estrenó ¿Cuál es afecto mayor: lealtad, sangre o amor?. Su producción teatral se reunió en Obras dramáticas (1772), que incluyen, aparte de las obras citadas anteriormente, las siguientes: La piedra filosofal, de corte calderoniano; El duelo contra su dama, de estilo costumbrista; al estilo de Lope: El español más amante y desgraciado Macías y El sastre del Campillo; Quien es quién premia el amor. Su obra poética se publicó en un volumen titulado Obras líricas (1720). Su mejor obra de teatro es Teatro de los teatros de los pasados y presentes siglos, de la que realizó tres versiones diferentes y está considerada como una de las mejores aportaciones a la crítica teatral de su siglo.
HABIENDO LLEGADO A LA CORTE GRAN CANTIDAD DE POETAS CULTOS, LE ESCRIBIÓ ESTE SONETO UN AMIGO
Candamo, amigo, huyamos que en poetas
porque de presumidos de Candamos
fondo han dado en el Rastro cien carretas.
A Silveira y a Góngora varetas
ponen cazando voces sin reclamos
y a Mena y Garcilaso, nuestros amos,
las dulces liras vuelven en trompetas.
Salgamos luego y las penates musas
escondamos devotos en Batuecas
mientras que graznan aves tan confusas.
Salvemos nuestros usos y sus ruecas
porque si no, al tropel de garatusas
nos moriremos de dolor de muecas.
Bances Candamo.
“Digo todo cuanto siento
del general al soldado;
si por esto no he medrado
por esto vivo contento.”
Melchor Pérez de Holguín
San Pedro de Alcántara
El realismo barroco, llegado a Bolivia mediado el siglo XVII a través de cuadros de maestros españoles como Zurbarán y Francisco Pacheco, revolucionó la escuela potosina, que halló en esta tendencia el molde que estaba buscando para la expresión de la realidad americana. El primero en manifestar esta sensibilidad fue el tenebrista potosino Francisco de Herrera y Velarde, al que siguieron casi de inmediato pintores pertenecientes a los grupos que se formaron en Collao, La Paz, Oruro y las poblaciones ribereñas del lago Titicaca. Leonardo Flores y Quispe Tito dieron el paso decisivo en la eclosión del barroco nacional, al que pronto se sumarían el extraordinario y anónimo "maestro de Calamarca" y el gran Melchor Pérez de Holguín, máximo representante de la pintura colonial boliviana.
Nacido en Cochabamba pero afincado en Potosí, Pérez de Holguín fue discípulo de Murillo en Sevilla y desde el comienzo de su carrera asimiló la influencia de Zurbarán, en especial en el tratamiento de las figuras ascéticas y místicas de su primera época. Su estilo alcanza la madurez y la singularidad cuando introduce la multiplicidad de figuras y el colorido más brillante en lienzos como El triunfo de la Iglesia, El Juicio Final o Entrada del arzobispo Morcillo en Potosí, que además de su valor pictórico son insuperables testimonios de las costumbres del lugar y la época, por el detallismo preciosista en la composición de cada uno de los múltiples personajes que pueblan las exuberantes telas.
En la obra de Melchor Pérez de Holguín se pueden distinguir tres periodos. Al primero corresponden los cuadros realizadas para conventos de la orden franciscana, como el San Pedro de Alcántara que se conserva en La Paz (Bolivia); son lienzos que responden a la idea del ascetismo místico franciscano. En un segundo periodo se dedicó, fundamentalmente, a las grandes composiciones, casi murales, de entre las cuales destacan las citadas El triunfo de la Iglesia (1706, Potosí) y El juicio final (1708, Potosí).
En los últimos años de su vida realizó composiciones que, al contrario que aquellas místicas franciscanas, sorprenden por su gran luminosidad, como Descanso en la huida a Egipto (Museo Nacional de La Paz), y La Sagrada Familia con los santos Juanes (Potosí). A estas obras deben añadirse el grupo de cuadros que presentan medias figuras de evangelistas y la última serie que firmó, la de los evangelistas del palacio de La Moneda (1724). De su labor como arquitecto destaca el trazado de los planos de la iglesia de San Lorenzo de Potosí.
Virgen lavandera
Sebastián López de Arteaga
Hijo de un platero, nació en Sevilla el 18 de marzo de 1610. Su hermano fue grabador. En 1638 vivió en Cádiz donde presenció gran parte de la obra de Francisco de Zurbarán. Llegó a la Nueva España en 1640, donde cultivó el estilo tenebrista con fuertes claroscuros. Pintó cuadros religiosos como Los desposorios de la Virgen, La incredulidad de santo Tomás (1643) o la Crucifixión, y más de una docena de retratos de los inquisidores, pues tuvo el cargo honorífico de pintor del Santo Oficio. Fallece en 1652 en México.
El Crucifijo






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